Además, de forma paralela, se ha insistido en una gestión caótica de los profesionales sanitarios y de servicios sociales, con recortes de personal y precarización del empleo público, lo cual supone un ataque directo al mayor activo de los servicios públicos, sus trabajadores y trabajadoras. La incapacidad para el desarrollo profesional dentro de las instituciones sociosanitarias una vez se trabaja en ellas y la imposibilidad de acceder a dichas organizaciones por parte de los profesionales que recientemente han acabado sus periodos formativos han hecho que se haya generado una situación de separación y desafección por parte de los trabajadores hacia el sistema sanitario y los servicios sociales donde trabajan que dificulta la consecución de unos servicios públicos de calidad.