Hay una consigna feminista que resuena en las movilizaciones cada 8 de marzo y que dice “Ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven…”. 

“Ahora que estamos juntas”, se grita, porque el feminismo que afortunadamente se viene construyendo años atrás no se olvida de ninguna. Un feminismo que viene demandando que todas las mujeres desde su realidad concreta, participen con voz propia y sean sujeto político por sí mismas y no sólo objeto de las políticas. 

Pero este planteamiento en el que avanza el movimiento genera grandes resistencias y no es casual, porque este planteamiento implica conflicto. Reconocer a todas las mujeres y especialmente a las mujeres más golpeadas por la precariedad, implica necesariamente sumarse a la reivindicación de colectivos como las kellys que demandan la derogación de las reformas laborales porque afectan directamente a sus condiciones laborales; implica posicionarse a favor de la recuperación para el sector público de todos los servicios que han sido privatizados durante 40 años por el PSOE y que las derechas evidentemente no van a recuperar, cuyo personal lo componen mayoritariamente mujeres en situación de extrema precariedad, tal y como reivindican las trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio o de la limpieza de edificios públicos.

Hablar de todas implica oponerse claramente y sin titubeos a la política migratoria y señalar cómo las devoluciones en caliente afectan también y en especial a mujeres a las que se les niega la posibilidad de solicitar el asilo cuando vienen huyendo de la guerra, de la miseria y también, en muchos casos, de la violencia machista; Implica denunciar que a día de hoy se siguen practicando esterilizaciones forzosas a mujeres con diversidad funcional contra su voluntad; Implica pensar en el medio rural desde la realidad de tantas mujeres que vienen siendo las constructoras de una Andalucía eternamente olvidada y ninguneada. Implica reconocer a las compañeras trans como sujetos de pleno derecho dentro del movimiento feminista, siendo los cuerpos de estas mujeres el objeto de distintas opresiones. Y supone, también, no negar la voz a ninguna mujer que desde su condición y su subjetividad demande ser sujetos activos de la lucha feminista. 

“Ahora que si nos ven”, dice también un movimiento feminista que recuperando la huelga como herramienta política y extendiéndola al trabajo de cuidados, ha puesto el foco en la necesidad de hacer visible y reconocer el trabajo imprescindible que realizamos las mujeres en la sombra y que nos obliga a tener que asumir las condiciones más precarias en el empleo, una realidad que toma una forma especialmente dura en Andalucía. En un mundo en el que todo se mide en términos de rendimiento económico, el hecho de que el trabajo de cuidados que socialmente se asigna a las mujeres no se valore ni se reconozca, sumado a la cosificación permanente de nuestros cuerpos, guarda una relación directa con que nos estén matando. No son problemas aislados. Asesinan hasta tres mujeres en 24 horas, pero no hay alarma social porque nuestras vidas, en la medida en que nuestro trabajo y nuestra aportación no se valora ni se ve, valen menos en esta sociedad patriarcal y capitalista. Por eso no se pueden combatir las violencias machistas sin dignificar los cuidados y sin dignificar el empleo de las mujeres.

Porque queda todo un mundo que cambiar y porque toca seguir construyendo un feminismo desde las calles y desde las instituciones al que no le interese romper techos de cristal si siguen siendo mujeres, compañeras, las que limpian los vidrios rotos.

Por nuestras abuelas, por nuestras madres, por nosotras, por las que vendrán y, por supuesto, por las que no están. El domingo volveremos a gritar que ahora estamos juntas, que ahora que se nos ve, el feminismo va a vencer y que el patriarcado, tarde  temprano, va a caer.